domingo, 31 de julio de 2011

La rentabilidad de una tragedia , por Dave Santleman


¡Ay, la farándula! Ese mundo tan aparentemente idílico, repleto de caras y cuerpos bonitos dotados con dones para la música, la interpretación, el diseño, la pintura y, en general, cualquier tipo de expresión artística. En síntesis, un exclusivo y elitista grupo que goza de respeto, admiración y un montón de millones con los que comprar y permitirse toda clase de lujos y excentricidades, y al que, para qué nos vamos a engañar, todos hemos deseado pertenecer alguna vez. ¿Dónde está el problema, pues? Sencillo: en que, con frecuencia, nos dejamos deslumbrar por la cara superficial de esa esfera a la que ninguno de nosotros pertenecemos pero que creemos conocer a la perfección por lo que la prensa y los medios nos cuentan de ella, dejando en el camino la otra; aquella que no es tan sensacional ni fantástica, aquella a la que muchos denominan "el precio de la fama".
Y es que es así, señores: el éxito y el reconocimiento público son terrenos peligrosos, pues, a fin de cuentas, no son más que otro negocio. Un juego frívolo, despiadado, cuyos trucos y reglas debes conocer al dedillo si no quieres salir mal parado. Un juego que no respeta nada, ni siquiera la muerte. Y sino, que se lo digan a la última de sus víctimas: Amy Winehouse.
A estas alturas, por todos es sabido que la que fuese nombrada reina del soul falleció el pasado 23 de Julio por causas que aún se desconocen. Pero, ¿significa eso su salida de la partida? Ni mucho menos, pues cuando sería momento de duelo, respeto y silencio por la ida de, ante todo, un ser humano, lo que se hace es frotar las manos pensando en la gran cantidad de posibilidades de lucro que ésta situación ofrece. La muerte prematura de una celebridad siempre engrandece y forja aún más su nombre, convirtiéndolo en una entidad mucho más rentable. Siendo así, ya se planea la salida de un tercer álbum de estudio que Amy grabase antes de su muerte y que pretende vender el doble de copias que su predecesor (con el que la artista saltó a la fama de manera internacional, "Back to black"); y hasta su propio padre, Mithc Winehouse, ha preferido curar las penas a golpe de talonario firmando un contrato con el canal BIO para que éste emita un reportaje sobre el declive de la cantante. ¡Pobre Amy! El círculo al que un día perteneciese no ha tenido suficiente con cobrarse su vida, sino que además sigue alimentándose de ella con frivolidad y sin reparo alguno después de muerta. Incontables son, además, los ejemplos similares al de Amy: Marilyn Monroe, Michael Jackson, John Lennon, Anna Nicole Smith, etcétera.
Por eso mismo, a veces, uno prefiere seguir siendo una mundana y anónima cabeza más entre la multitud. Gozaremos de menos privilegios (aunque esto también es algo relativo y discutible), sí, pero al menos no corremos el riesgo de ser vendidos por nuestra propia familia. Tan triste como cierto.

2 comentarios:

  1. me encantan tus letras cariño....
    Un besazo desde AmayaT. (:

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  2. ¡Muchas gracias, María! Ya sabes que a mí lo que me encanta eres tú :)

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